El lujoso adiós al narcotraficante: ataúd dorado y honores militares en su funeral

El lujoso adiós al narcotraficante: ataúd dorado y honores militares en su funeral

La confirmación llegó desde las más altas esferas del gobierno federal: Nemesio Oseguera Cervantes, *”El Mencho”*, líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue sepultado en un cementerio de Zapopan, en el corazón de la zona metropolitana de Guadalajara. El acto, cargado de simbolismo y tensión, se desarrolló bajo un estricto operativo militar que transformó las calles en un escenario de guerra. Decenas de personas, muchas con paraguas negros para protegerse del sol o quizá para ocultar su identidad, acompañaron el cortejo fúnebre al ritmo de una banda de música, un detalle que contrastaba con la crudeza del momento. Los uniformados, apostados en cada esquina, vigilaban cada movimiento mientras el féretro avanzaba hacia su destino final.

Desde la noche del domingo, la funeraria ubicada en Guadalajara —considerada un bastión del CJNG— se convirtió en el epicentro de un despliegue sin precedentes. Coronadas de flores ostentosas, algunas con la figura de un gallo bordada en pétalos, llegaron en señal de respeto al capo, cuyo alias alternativo, *”El Señor de los Gallos”*, quedó inmortalizado en esos arreglos. Sin embargo, lo que comenzó como un velorio clandestino derivó en un baño de sangre. Según el general Ricardo Trevilla, jefe del Ejército, pistoleros del cártel se enfrentaron a balazos con las fuerzas armadas en un tiroteo que dejó un saldo trágico: Oseguera Cervantes y dos de sus guardaespaldas resultaron heridos de gravedad. Los tres murieron durante el traslado en helicóptero hacia un hospital, aunque las versiones oficiales aún generan dudas entre analistas y familiares.

Aunque las autoridades no han hecho pública la necropsia del narcotraficante, el acta de defunción a la que tuvo acceso la agencia AP revela la causa de su muerte: múltiples heridas de bala. El documento también especifica que el cuerpo debía ser inhumado —y no cremado—, un requisito legal en casos de muertes violentas para preservar posibles pruebas periciales en el futuro. Este detalle, aparentemente técnico, adquiere relevancia en un contexto donde la justicia mexicana ha sido incapaz de esclarecer crímenes de alto impacto, dejando en la impunidad a figuras como *”El Mencho”*.

Su fallecimiento no pasó desapercibido. En cuestión de horas, el CJNG desató una ola de violencia sin precedentes que paralizó al país. En 20 estados, desde Jalisco hasta Michoacán, pasando por Guanajuato y Veracruz, los sicarios del cártel bloquearon carreteras con vehículos incendiados, saquearon tiendas y lanzaron ataques coordinados contra instalaciones policiales y militares. El saldo fue devastador: casi 30 agresiones directas a autoridades, más de 70 muertos —entre ellos civiles atrapados en el fuego cruzado— y un mensaje claro: la organización no se rendiría sin pelear. Para muchos, estos actos confirmaron lo que ya se sospechaba: la muerte de *”El Mencho”* no significaba el fin del CJNG, sino el inicio de una nueva etapa de violencia, donde la lucha por el control del territorio y las rutas del narcotráfico se recrudecería.

El sepelio en Zapopan, con su mezcla de solemnidad y caos, cerró un capítulo oscuro en la historia del crimen organizado mexicano. Pero, como advierten expertos, el legado de Oseguera Cervantes —un capo que pasó de ser un humilde agricultor a construir uno de los imperios criminales más poderosos del mundo— sigue vivo. Su organización, ahora en manos de una estructura jerárquica que él mismo diseñó, continúa operando con la misma ferocidad. Mientras tanto, en las calles de Guadalajara, entre el humo de los enfrentamientos y el eco de los disparos, queda una pregunta que nadie parece capaz de responder: ¿quién llenará el vacío de poder que dejó *”El Mencho”*?

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