“Críticas en el Congreso de EE.UU. a la secretaria de Seguridad Nacional por su política migratoria”
La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos, Kristi Noem, enfrentó este martes un aluvión de críticas por parte de legisladores demócratas, quienes cuestionaron con dureza las políticas migratorias implementadas durante el gobierno del expresidente Donald Trump. El escenario fue una tensa audiencia en el Comité Judicial del Senado, donde el senador Dick Durbin, representante demócrata por Illinois, no escatimó en señalar lo que consideró una gestión carente de “brújula moral” y de respeto al estado de derecho bajo el liderazgo de Noem.
Durbin, conocido por su postura crítica hacia las medidas migratorias más restrictivas, denunció que las acciones del DHS han generado un clima de caos en las ciudades estadounidenses. “Los agentes de este departamento —afirmó— actúan como si estuvieran en una zona de guerra, patrullando las calles con equipo paramilitar, deteniendo y arrestando a personas por el simple hecho de su color de piel, su acento o el idioma que hablan”. Sus palabras reflejaron la indignación de un sector del Congreso que ve en estas prácticas un retroceso en materia de derechos humanos y un uso desproporcionado de la fuerza.
El senador no se detuvo ahí. Con tono acusatorio, reprochó a Noem haber lanzado “acusaciones infundadas de terrorismo doméstico” contra los activistas progresistas Michael Good y Sarah Pretti, tras sus muertes en circunstancias aún no del todo esclarecidas. Para Durbin, estas declaraciones no solo carecían de sustento, sino que buscaban criminalizar a voces disidentes bajo un discurso de seguridad nacional que, en su opinión, ha sido utilizado como herramienta de persecución política.
La audiencia puso de manifiesto la profunda división que persiste en el Capitolio respecto a la gestión migratoria. Mientras los demócratas exigen un enfoque más humano y basado en el respeto a los derechos fundamentales, figuras como Noem defienden las medidas de la administración Trump como necesarias para “proteger las fronteras” y garantizar la seguridad interna. Sin embargo, las críticas de Durbin y otros legisladores dejaron en evidencia que, para muchos, el DHS se ha convertido en un símbolo de la polarización que atraviesa al país.
Más allá de los señalamientos, lo cierto es que el debate sobre migración sigue siendo uno de los temas más candentes en la agenda política estadounidense. Las imágenes de redadas masivas, la separación de familias en la frontera y el uso de tácticas que muchos consideran discriminatorias han alimentado un clima de desconfianza hacia las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley. Mientras tanto, en las calles, organizaciones de derechos humanos y comunidades migrantes exigen un cambio de rumbo que ponga fin a lo que califican como una política de “tolerancia cero” con tintes racistas.
La sesión en el Senado no solo sirvió para exponer las diferencias ideológicas, sino también para recordar que, en un país construido por migrantes, las decisiones en materia de seguridad nacional tienen consecuencias directas en la vida de millones de personas. Y aunque el gobierno actual ha intentado distanciarse de algunas de las políticas más controvertidas de la era Trump, el legado de esas medidas —y las críticas que las acompañan— siguen muy presentes en el debate público.